El artesano

Un artesano se puso a tallar
con su viejo cincel.
Por más que trabajaba e intentaba cambiar,
todas las figuras eran como él.

Confuso con la situación
las fundió todas
menos la más bella,
que guardó en un cajón.

Pasó el tiempo y casi olvidó
el episodio aquel,
pero las cosas que no sueles buscar
casi siempre te encuentran y así fue.

Por azar, un día lo abrió
y en su lugar vio una nota impresa,
“búscame, te quiero curar”.

Hoy lo miro y no sé si me perdí
contándote un cuento para vivir,
un cuento de vida que me inventé,
en busca de un sueño desperté
y no sé si me perdí para vivir,
me inventé, desperté.

Empezó a revolver el taller
y al fin salió a buscar,
en cada espejo, en cada pared,
por encima y debajo en cada ciudad.

Bajo la falda de una mujer
en la espuma de cada cerveza,
tras cada esquina de la realidad.

Pasaron días y al fin regresó
a su viejo taller.
Cuando llegó no lo reconoció
todo parecía más triste que ayer.

Abrió el cajón y, como es normal,
allí estaba la talla, y otra nota impresa:
“rómpete, te quiero curar”.